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domingo, 29 de julio de 2018

Beatrix Potter, una autora posible para ser disfrutada en el jardín


 Autor: Marcelo Bianchi Bustos

“Un clásico de la literatura, de la música, de las artes, de la filosofía, es para mí una forma significante que nos lee más de lo que nosotros la leemos. No existe nada paradójico y mucho menos de místico que esa definición. El clásico nos interroga cada vez que lo abordamos… Un clásico nos preguntará ¿has comprendido? ¿has vuelto a imaginar con seriedad? ¿estás preparado para abordar las cuestiones, las potencialidades de ser el transformado y enriquecido que he planteado?” (Georges Steiner)

La cita de Steiner sirve para darle un marco a la obra de una escritora que se ha transformado en clásico. Y des pues de todo qué es un clásico sino un texto que se ha leído a lo largo del tiempo y que permanece en la memoria colectiva de los lectores, qué es un clásico sino esa obra que interpela al lector, que lo lleva a pensar(se) en lo que leyó (o releyó) pues un libro clásico nunca de ja de (re)leerse. Tanto las ilustraciones de la escritora inglesa Beatrix Potter (1866 - 1943) como sus cuentos son clásicos.

Su historia como escritora se inicia en el año 1893 cundo le escribe al hijo de su antigua institutriz llamado Noel Moore una carta en la cual, a través de palabras e imágenes narraba la historia de un conejo, Peter Rabbit. Los niños se iban motivando con sus historias pero ella no consiguió quien le editara la obra y la primera edición fue costeada por ella. Su éxito hizo que un editor le prestara atención a la obra y es así como en 1902 comienza a editarse  de manera masiva.
  
Cuando se piensa en escritoras de ruptura muchas veces se hace referencia al siglo XX. En realidad Potter fue una de las primeras en romper con viejos cánones en las historias y con la producción que estaban realizando muchos de sus contemporáneos. Se puede decir, sin temor al error, que es una autora moderna, creadora de un mundo distinto y que muestra una realidad viva. Si bien sus personajes son animales, las historias están alejadas de las fábulas y no pretenden enseñar nada sino mostrar la conducta de los personajes. Ellos son “políticamente incorrectos” y eso es lo novedoso. Por medio del lenguaje Potter logra que el lector  se identifique con los personajes que muchas veces desobedecen a los adultos,  que son capaces de ingresar en propiedades ajenas y cometen la travesura de robar alimentos pero que es capaz de escapar de todos los castigos, excepto de un fuerte dolor de estómago por haber comido mucho:
“Lamento decir que Perico[1] se sintió algo indispuesto aquella noche.
Su madre lo acostó, le preparó una infusión de manzanilla amarga … ¡y se la hizo tomar al pobre Perico!
“Una cucharada sopera antes de acostarse”, tal como decía el médico.
En cambio, sus hermanas Pelusa, Pitusa y Colita de Algodón cenaron tan ricamente: sopas de leche con pan y, de postre, zarzamoras”. (Potter, 2013: 20).

 Hay una lógica de las acciones en la obra y una constante al final de muchos de los cuentos: los animales terminan despojados de sus ropas. Se lo puede ver a Peter con su hermosa chaqueta azul que pierde en el huerto del tío Gregorio, el lugar en el que había muerto su padre.  Sus historias gustaban tanto que llegó a vender cerca de 45.000.000 de copias.

La propia autora dijo: “Creo que escribo cuidadosamente porque disfruto escribiendo y me hace gracia imponerme ese esfuerzo. Escribo para agradarme a mí misma”. Ese disfrute se lo puede observar al ver los paisajes, las expresiones de cada uno de los animales, al observar que en cada palabra o imagen hay ternura y amor.